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The Cold Start – Vivencias en la Baja California

The Cold Start – Vivencias en la Baja California

La Baja A Través De Los Ojos De Sus Habitantes

Este es el relato de un accidente, que luego precipitó una serie de acontecimientos, que llevaron a abrir rutas asombrosas en moto, a iniciar intercambios culturales, y a disfrutar de una experiencia gastronómica en la Baja California.
Kyra Sacdalan
TEXTO de Kyra Sacdalan“No puedo respirar”

Lo vi venir, aunque no su gravedad. Por lo menos no hasta que salí por orejas, directa hacia ese montículo que no había conseguido conquistar. Hasta ese momento, había estado disfrutando de la mejor conducción de mi vida. Apareció el orgullo –ese que sale antes de la caída– pero se esfumó por las brechas de mi calculado comportamiento.

Mi racha de suerte se acabó con una pose tipo escorpión, junto a un dolor escalofriante y no creo que nunca antes hubiera sentido esa ausencia de aire en mi cuerpo. Entonces apareció mi colega Justin y empezó a mover su boca, y casi no podía escuchar lo que me decía: “¡Inhala, caray!” Después de que me hubo zarandeado, las palabras de Justin interrumpieron mi monólogo interior, en el que me decía que no me moviera por nada. Mi única respuesta, sin embargo, fue: “No puedo respirar“.

Es extraño que el primer pensamiento sustancial que tuve cuando el pánico se desvaneció fue sobre Donni Reddington. Justin se había marchado conduciendo –a toda velocidad– al pueblo más cercano a buscar ayuda. Tuve bastante tiempo para entender que había sido una tonta. Pero, ¿qué podía hacer al respecto? Creo que ya era hora de tomar alguna clase en Skool of Moto, la escuela off-road de Donni.

Y mira que ella me había invitado muchas veces, pero las agendas nunca habían coincidido. Eso y que ella vivía en una punta del estado de Washington. El invierno se nos echaba encima y con eso aún debía esperar otros seis meses antes de poder pactar una clase en la costa noroeste del Pacífico. Con ese pensamiento, un escalofrío de un segundo de duración llegó y se esfumó, antes de que mi cerebro entendiera la respuesta: invitar a Donni a la frontera de México para un clinic de moto personalizado, que ofrece a los participantes una visión de lo que es una Baja a través de los ojos de los habitantes del lugar.

“Apareció el orgullo, ese que sale antes de la caída”.
Una Perspectiva Local

Durante años, con Justin hemos promocionado las bondades de esta península, única y enriquecedora. Mucha gente viene a Tijuana, Rosarito o Ensenada para pasar a lo sumo unos pocos días. Podrían quedarse a ver carreras emocionantes o examinar los barrios más populares de la ciudad antes de volver a sus cruceros. Es peor cuando cruzan la frontera para pegarse una juerga, dejarnos sus residuos y acto seguido desaparecer.


Con la cantidad de personas que entran en México y me sigue sorprendiendo lo poco que conocen de la cultura exclusiva de la Baja California. Su creciente poderío con la cocina, la cerveza, el vino y otras bebidas alcohólicas es espectacular. Con algunas excepciones, y como cualquier otra ciudad grande, Ensenada es muy segura. Sus más destacados residentes son personas con los pies en el suelo, respetuosos y siempre amables, con todos sin distinción.

Siempre he querido combinar estos dos amores: las motocicletas y México; y hacerlo de forma que nunca antes se haya visto, esto es, desde una perspectiva local. Gracias a nuestros mejores amigos y colegas en la Baja (California) –incluyendo a Mau y a Abby–, el objetivo era del todo asequible.

Ellos fueron los guías perfectos para saber adónde ir, qué ver, qué comer, beber y pasárselo bien, mientras descubríamos rutas y reclutábamos a otros propietarios locales. Preparamos un plan sobre la marcha, con muy poquito tiempo. ¡Iba a ser The Cold Start (esto es, El Arranque en Frío), o el fracaso!

Donni Reddington 
Atando Cabos

Conozco a Donni “Red Bones” Reddington desde hace años. Trabajé codo con codo con ella en las zonas más agrestes de la Baja. La primera vez que nos vimos fue cuando con Justin llevábamos el servicio de prensa de un rali raid, y Donni –enfermera de traumatología y piloto REV’IT! DIRT Series, natural de Mazama, estado de Washington– nos escribió preguntándonos si su nivel en off-road sería suficiente para finalizar la carrera.

Como no la conocía, no pude responderle a la pregunta con confianza, pero surfeando por Instagram descubrí fotos de ella practicando heliesquí, entre otras cosas. Y como nos gusta atar cabos, le ofrecimos un puesto en el equipo y ahí comenzó la historia.

Nos enteramos de que Donni había llevado motos desde siempre, pero preferentemente Harleys, y solo al final de su treintena se había atrevido con la tierra. Ciertamente, cuando decidió apuntarse al rali con su Husky 501, me sorprendió su eficacia en variedad de terrenos. Red Bones siempre apunta alto. Esquiadora, ciclista de montaña, conductora de excavadoras... Los grandes espacios al aire libre son su terreno natural.

Ya hace algunos años que Donni regenta una escuela. Cuando apareció en mi mente, yo estaba tumbada de espaldas. Se me encendió una lucecita: llevo conduciendo motos una década, pero me falta algo. Todos los malos hábitos acumulados habían eclipsado los buenos consejos recibidos.

En ese momento de clarividencia entendí lo que necesitaba: un buen adiestramiento, serio, por parte de una experta. Y Donni era la única instructora en la que confiaba. Es más, iba a intentarlo todo. Así que, nuestra brillante idea de organizar un cursillo en la Baja, con maratón de motos, mezcal y buena comida –con tres meses de margen– iba a ser como un “Ave María, dame puntería”.

“Una humilde competición todo terreno, de la que seguramente habrás oído hablar…”
La Meca De Los Deportes Del Motor, La Aventura Y Las Motos De Campo

¿Por qué Ensenada? En primer lugar, es el centro de la región. Es la tercera ciudad más grande de la Baja, una tranquila población de pescadores con el Pacífico como puerta de entrada de recursos y riquezas del fondo y de la superficie del mar. Exporta desde atún hasta algodón, pasando por metales de desguace a todo Asia, especialmente Japón, China y Corea del Sur, países que llevan más de un siglo aprovechando las riquezas de este pedazo de tierra sureña.

Pero en 1967 fue una humilde competición todo terreno la que se ganó el clamor internacional. Y desde entonces es la meca de los deportes del motor, de la aventura y de las motos de campo. Sin duda, esta pequeña carrera de solo 1000 kilómetros permitió espolear la revolución cultural de Ensenada, Rosarito y Tijuana. Seguro que has oído hablar de ella. ¿Te suena la Baja 1000?

Otros factores me llevaron a impulsar este Clinic Off-Road “The Cold Start” y esta Experiencia Culinaria en Ensenada, además de los propios valores del sitio. Porque algunos de mis mejores amigos viven en la zona. Y el tipo de comida puede variar por su precio, elegancia y diseño, pero toda vale la pena. Aquí te irás de un restaurante, de un mercadillo al aire libre o de un puesto de tacos satisfecha y sin remordimientos.

Y también hay mucho vino alrededor, muchas bodegas. Con espumas de todos los matices, que brotan de las profundidades del valle. No puedes sentarte tan cerca de San Diego y no contagiarte con la cerveza artesanal de la zona.

Cómo llegué A Este Lugar

Podría seguir contándote sobre el circo gastronómico que se disfruta en México, que es un entretenimiento real y querido. Y como resulta ser una atracción mayor para los visitantes, me pasa que normalmente nubla mi mente de lo que fue realmente lo que me trajo a este lugar... El miedo. El miedo en sí mismo es un obstáculo para el éxito.

Si lo dejas a su aire, el miedo crece como una mala hierba y engulle todo lo que te hace humano: la curiosidad, el riesgo, tus elecciones y tu espacio para mantenerte erguida. Pero no es insuperable. Seguramente este fue el verdadero catalizador de este evento. Mis dudas –por lesionarme o por la posibilidad de no llegar a ser nunca la motorista que quiero– explicaban por qué necesitaba The Cold Start.

Me había perdido casi cinco meses de moto por una lesión y una intervención pendiente. Había perdido muchísima confianza para pilotar fuera de la carretera. Si no me hubiera motivado de esta manera, aceptando una excusa para abandonar mi lástima y volver a subirme en mi XT225, seguramente me habría hundido aún más y no hubiera vuelto a intentarlo. Eso sí que me aterraba más que otra cosa.

Mi primera llamada a Donni fue por puro egoísmo. Quería compartir tiempo con mi amiga en un lugar al que tantas cosas me une. Quería que vertiera todo su talento en mí. Y al mismo tiempo quería que ella pudiera disfrutar plenamente de todo aquello.

La obvia pasión de Donni por compartir todos sus conocimientos derritió mi ego como una epifanía. Si alguien como yo, que ha conducido durante más de diez años, puede sentir cierto respeto aún cuando se monta en una dual-sport o en una moto de campo, pensé que otros y otras como yo podrían beneficiarse de este tipo de experiencia. Más todavía si les ofreces una pequeña aventura, donde poder entrenar sus nuevas o recuperadas habilidades en escenarios reales.

Le estás ofreciendo a cualquiera, a personas como yo, la oportunidad de salir de su zona de confort y llevarse bonitos recuerdos al mismo tiempo. Y al final resultó que una colega de Donni –otra embajadora REV’IT! llamada Odessa Winter– tuvo ideas similares respecto de superar sus límites y realizar una evaluación continuada.

Odessa llegó hasta Tecate –justo en la frontera– una semana antes del evento con su novio Scott y su compañero de fatigas Surak the Dog, y se entrenó con una KTM 1290, protegiéndose la vista con una máscara Rex Specs polarizada. Mujer inmersa en el negocio de la cerveza, pues la produce, Odessa había sido invitada –pura coincidencia– por el exclusivo patrocinador de cervezas de The Cold Start.

Habían estado de viaje por todo Estados Unidos, con una pequeña parada en el sur de California, antes de pasar por sus primeras pistas en el extranjero. Luego tenían previsto irse a Tierra del Fuego, en el Cono Sur... ¿Cuántos kilómetros debe de haber? Su decisión de unirse a nosotros era añadir más pimienta a su aventura y, desde nuestro punto de vista, aportar más valor a una alineación ya de por sí de cierto nivel. Todo el mundo tenía algo especial que aportar, no solo por sus habilidades, sino también por sus sinceras y divertidas actitudes.

Exhaustos, Pero Muy Entusiasmados

No tuvimos más de tres meses para montarlo todo, pero la maquinaria no se habría movido sin un buen grupo de increíbles socios, voluntarios, creadores y contactos en la comunidad. Lo conseguimos por pelos y así conseguimos aferrarnos a nuestra intención principal de regalarles a nuestros participantes una experiencia inolvidable en Ensenada.

Las carreteras secundarias del Valle de Guadalupe, la empinada colina rocosa que protege la ciudad y los caminos de cabras que tanta ansiedad generan, y que están a solo cinco minutos de la sede de The Cold Start, pusieron a muchos y muchas en marcha y bombearon sangre a sus corazones hasta la hora de cenar. Exhaustos/as, pero muy entusiasmados/as, los chefs y artesanos locales nos trataron con generosidad y elevaron el listón de su región con productos de categoría.

El primer día, el Chef “Chido” García se abrió camino entre risas y vítores para ofrecernos plato tras plato espectaculares. Pequeños platos con especialidades para dipear –como puré de berenjena cocida con coliflor y pepino, cubierto con una limonada de ajo asado–, o tacos reimaginados con ingredientes que solo asocias con la alta cocina. El siguiente manjar se pensó para unir a las personas. Era una pizza al horno de leña, de estilo familiar, en un espacio privado situado entre varios establecimientos de moda, en un local de restauración y bar de bebidas al aire libre.

La celebridad regente, Roberto Alcocer, nos recibió con cariño después de una etapa larguísima de tierra; bueno, casi nos dieron trato de reyes. Una vez se hizo de noche y terminamos el rodaje del día, pasamos de unos Tacos de Birria bajo un sol abrasador a una cena prefijada de cinco estrellas, bajo la palapa de lujo del restaurante de Roberto en el valle.

Ahí es donde ves cómo el arte del chef cobra vida. Una carta rotativa hace que los platos estén siempre de actualidad, y un peculiar sentido del humor hace de ellos algo divertidísimo. Cada comida, y todas las libaciones, fueron el cierre ideal a una batalla bien luchada. Ningún plato sabe tan dulce como después de un amargo y agotador día de motociclismo.

Se Nos Hizo Corto

Despertándose al alba, los invitados se movían desde el hotel hasta la sede del evento, en el complejo propiedad de Mauricio, para un copioso desayuno a cargo de Abby, regado con tazones de café frío. El primer día tuvimos que recorrer “la friolera de 100 metros” hasta un aparcamiento de tierra adyacente con vistas al Pacífico. Escenario mágico para una reunión informativa, un calentamiento y arranque de nuestras motocicletas.

Practicamos mucho el control del embrague, el equilibrio, el contrapeso y cualquier otro ejercicio que Donni consideró que aportaría valor a nuestro siguiente desplazamiento. Cuando llegó el momento de abandonar las instalaciones y salir a rodar, nos aprovisionamos de barritas energéticas y líquido para nuestra hidratación.

Lo que teníamos por delante era exigente pero posible. Nos esperaban senderos anchos y cuidados, pistas estrechas y los caminos de cabras de los que ya te he hablado. La clase del segundo día nos llevó por 300 kilómetros de olas de arena resbaladizas, que te cortaban el ritmo en cada bifurcación. Paramos brevemente a comer y me puse al día con la XT, antes de dirigirnos hacia las verdes y exhuberantes montañas del país del vino. A Donni le recordaron a las colinas que conocía de Irlanda. Yo nunca he estado pero no tengo ninguna duda de que era así.

El final llegó antes de lo que todo el mundo hubiera deseado. Y el sabor fue agridulce. Con las motos aparcadas, nuestro viaje fue vertiginoso, probando muchos vinos, uno de una humilde familia que se llama “vincola” u otro de una bodega de producción ecológica, construida en forma de casco invertido, y finalizando en una central corporativa de la región de Baja.

Fue una bonita experiencia, solo perturbada por nuestra partida inminente. Ahogamos nuestras penas con un Nebbiolo, un Sauvignon Blanc sin filtrar, ceviche de pulpo, ventresca de cerdo y unas ensaladas muy delicadas. Nos desmelenamos con la mezcla de tamal y mezcal, que nos sirvió Abby en su complejo de habitaciones frente al mar. Como en casa.

Cada mañana, Abby nos servía comidas limpias y abundantes como haría una madre mexicana. Si tu madre fuera una estudiante de biología milenaria, que se hubiera criado entre agricultura y vinos en Baja, tendría tres negocios y fabricaría su propia mermelada. En el mismo lugar en el que nos dieron la bienvenida los tacos de Chido como extranjeros, acabamos The Cold Start como amigos del alma, con la promesa de no dejar pasar mucho tiempo hasta vernos nuevamente.

La Oportunidad De Cambiar

El arranque en frío (The Cold Start) es ese período de 10 a 30 minutos en el que se usan una serie de fórmulas matemáticas para calentar completamente un motor de combustión refrigerado. Le das al botón de arranque, luego das gas durante tres segundos; no dos ni cuatro, porque entonces debes empezar de nuevo. Ahora vas quitando el starter –progresivamente, solo tres cuatros al principio– y sigues con el proceso.

Si no te sale, prueba otra cosa. Este baile, para mí, es como un despertar, un ejercicio de paciencia. No importa lo bien que mi XT hubiera ido doce horas atrás. Cada mañana quiero que esté a punto. Este cursillo y la experiencia en general fueron la oportunidad de empezar un nuevo capítulo. Fueras un/a novato/a o necesitaras una puesta a punto, qué gran momento para hacer un cambio.

Tirando de memoria –tirada en el margen de una desolada carretera costera en octubre–, me prometí que haría todo lo necesario para tomar el tren que pasaba con Donni. Y mientras intentaba entender si tenía el cuello roto –al final fue una lesión en el diafragma, algunas costillas fracturadas y mi ego traumáticamente agredido– ni siquiera me imaginaba el impacto que todo ello tendría en mí.

Tuve una exhalación proverbial, como si la humanidad entera hubiera retenido aire durante toda la pandemia y saliera de una vez. Y fue muy satisfactorio ver los grandes avances que se produjeron en el grupo, superando obstáculo tras obstáculo, con grandes sonrisas de oreja a oreja.

Hay Que Ponerse En Pie Y Comprometerse

Hicimos frente a nuestros miedos y no fue tan duro. Estábamos vivos/as y sin golpes. Lo que es un sano recordatorio de nuestra resiliencia como individuos y como comunidad. Si mantenemos nuestra concentración en el horizonte, lo conseguiremos. Solo hay que ponerse de pie en los estribos de la moto, dar gas, y comprometerse hasta el éxito.

ESCRITO PORKyra Sacdalan

Es bajita, pero no te engañes, y que tampoco te confunda el hecho de que enlace sílabas, una tras otra, en este relato, con exceso de confianza. Kyra Sacdalan es tan pasional como los motociclistas y una excelente narradora de cuentos. Junto a su compañero de andanzas y colega #revitrider Justin W. Coffey –que se encarga de las fotos de este Journal– han cubierto ralies como la Baja 1000 y han firmado en muchas revistas de motos. Y se han ganado el derecho de fanfarronear.

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