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Persiguiendo Luz: Episodio 4

Chasing Light: Episode 4
Dominator 3 GTX y Defender 3 GTXEl programa del día prometeA la mañana siguiente emprendimos nuestro viaje de 56 kilómetros (35 millas) a la fuente. El camino era de tierra y grava, no muy estrecho. Un desplazamiento de una hora lo máximo. Y luego ya nos iríamos a Leslie Gulch y tendríamos tiempo para comer.
Pero Todo se Tuerce

La carretera era suave, ancha y bonita, seguía el curso de un río hacia el sur. Había algunos charcos, pero tampoco nos preocuparon hasta que empezaron a ser mucho más grandes; de repente nos encontramos con que delante y detrás había mucho barro y la zona se complicaba. No se nos ocurrió que la tormenta de lluvia que nos pilló en Alvord la noche anterior habría caído en otros parajes. Como era el caso.

En seguida me costó mantener la moto derecha en una sección plana de la carretera. La superficie parecía cristal cubierto de grasa.

Mis semimanillares no controlaban la trayectoria; la moto se descontroló hacia la cuneta, se me cerró la dirección y me caí torpe y lentamente.

El suelo resbalaba pero la levanté, me monté y me caí otra vez. Matt y Scott vieron mis huellas y tomaron trazadas diferentes, pero cualquier línea estaba embarrada, y en seguida estuvimos los tres atrapados. Me ayudaron a levantar la moto y me caí otra vez. Matt se dio cuenta de que la rueda delantera de mi moto estaba como solidificada de barro y no giraba. El beso de la muerte.

“Pero todos queríamos, aunque en precario, ver ese lugar descrito como maravilloso.”

Nos llevó una hora levantar y empujar nuestras motos por un campo de fútbol embarrado, y eso nos llevó a considerar olvidar la visita a la fuente termal, darnos la vuelta y seguir con el resto del programa. Pero todos queríamos, aunque en precario, ver ese lugar descrito como maravilloso. Caminé hasta un cambio de rasante y un poco más allá y me pareció que la carretera estaba mejor. Seguramente, lo peor ya había pasado...

Barro, barro y más barro

Seguimos con ese pensamiento sección fangosa tras otra. Pensando que lo peor ya había pasado. Las motos se colapsaban y te caías, y seguidamente encontrabas una sección de pista seca. Decidimos que conduciríamos por encima de la cuneta, sobre un cepillo de plantas, pero también nos costaba lo nuestro: piedras, trozos de salvia gruesos, y sin camino marcado. Era una condena fueras por donde fueras. Algunas veces dejábamos la zona de vegetación agotados y nos metíamos en el barro para dejarnos caer y descansar un poco. O rodeábamos el barro por la cuneta, y ahí también había tramos con barro escondido. Era una guerra que no íbamos a ganar.

Esta locura duró 6 horas, en las cuales cubrimos 6 millas (9,5 kilómetros). Una milla por hora, 600 m/h, que es la mitad de la velocidad de cualquier tortuga.

La pequeña y ligera Myth BMW fue la que mejor se manejó, mejor que las motazas de aventura. Cambiábamos las motos con Scott cuando me agotaba de levantar una y otra vez la Ducati del suelo. Él se las ingeniaba bien con la Ducati, pero cargar 200-300 libras extra (entre 90 y 136 kilogramos) acaba con toda tu fuerza, seas quien seas. Todo el poder y la sofisticación de las motos gordas no ayudaba con el barro o con los equilibrios que había que hacer en las cunetas con aquella vegetación.

En la milla 15 (kilómetro 24), llegamos a una bifurcación, literal y figurada. Continuar en dirección a la fuente termal podía significar arriesgarte a repetir los mismos errores justamente pasados y posiblemente romper una moto, o peor, romperte algún hueso. En el mejor de los casos, dormiríamos en el desierto sin teléfono, ni comida, ni agua cerca. Habíamos roto una regla fundamental de la aventura al aire libre; no dijimos a nadie dónde estábamos, en una carretera desierta que posiblemente no había visto a ningún bicho viviente durante un mes. Un conjunto de malas decisiones nos llevó a esta bifurcación.

“Nadie planea suicidarse cuando sale de aventura, pero pasa algunas veces.”
Malas Decisiones

Nadie planea suicidarse cuando sale de aventura, pero pasa algunas veces. Ese tipo de situaciones raramente son producto de una sola mala decisión, y en cambio más a menudo son producto de una cascada de malas decisiones. Un error trae consigo otro, como si se doblara una apuesta que pierdes y te hundes más y más. Cada vez que seguimos avanzando por el barro encadenamos una mala decisión más, pensando que más adelante la cosa mejoraría. Nos enfrentábamos a más errores en cascada si seguíamos por aquel camino.

A veces, lo más inteligente es dejarlo.

“Similar a ‘la fiebre de la cima’, nosotros tuvimos nuestra ‘fiebre de la fuente termal secreta’.”

Similar a la “fiebre de la cima” de los alpinistas, nosotros tuvimos nuestra “fiebre de la fuente termal secreta”, y nuestra osadía había castigado las motos y sacudido nuestros cuerpos. Scott se aventuró por el camino alternativo para ver si por suerte estaba seco y podría facilitarnos el repliegue... Pues no.

Aunque el barro cambio su carácter, no disminuyó. La carretera alternativa era mucho más pequeña. En algunos puntos no más ancha que un débil rastro de vacas. Empezaron a surgir más piedras y el barro más profundo. Nuestro único consuelo era que más que apartarnos de la civilización, nos acercábamos.

Una Pelea sin Sentido

Después de casi 12 horas de pelea sin sentido, llegamos de vuelta a Rome, el punto de partida, después de no haber conseguido nada aparte de un considerable desgaste del equipamiento y nuestro físico. Como mi padre solía decir, “a veces la magia actúa y a veces no”. Aquella jornada fue un gran desafío por la cantidad de kilómetros recorridos y los destinos no alcanzados, pero fue un buen recordatorio de que situaciones aparentemente inocuas pueden ser de lo más complicadas, y que rendirse ante un objetivo puede ser a veces la solución más inteligente.

“Una segunda noche en Rome parecía el equivalente a echar sal sobre una herida abierta.”
Rome, Otra vez no, por Favor.

Una segunda noche en Rome parecía el equivalente a echar sal sobre una herida abierta, así que decidimos conducir 30 millas más (48 kilómetros) a Jordon Valley, solo para poder cenar algo diferente, poder dormir en una habitación de hotel diferente, y con suerte tener un inicio, al día siguiente, diferente en comparación al que acabábamos de tener.

Cuando nos despertamos, los músculos dolían después de un día entero levantando pesadas motocicletas del suelo. Nos fuimos a Leslie Gulch. Aunque no es muy conocida, la pequeña carretera que lleva al cañón Owyhee es espectacular la mires como la mires. Es una torre continuada de tierra roja que flanquea una pequeña pista de tierra. Hubiéramos querido tener más tiempo para explorar la zona, pero nuestra aventura épica del día anterior no nos permitió ser flexibles con el plan trazado. Hicimos varias pasadas para sacar fotos y luego nos dirijimos al norte para comer.

Y Colorín Colorado...

Uno de los objetivos de este viaje era establecer una conexión entre todos los muchos paisajes de Oregón. La carretera de montaña del primer día estaba colapsada por la nieve, así que Matt sugirió una carretera alternativa que podría ser la mejor manera de añadir montañas a nuestra ruta geográfica. 400 millas después (640 kilómetros), tuvimos que darle gas para llegar a nuestro destino con alguna tenue luz diurna.

Tuvimos que llenar dos veces nuestros gigantes depósitos antes de que las temperaturas cayeran acercándonos al monte Hood. Aparte de nuestra noche bajo la lluvia en la playa, habíamos tenido un viaje de temperaturas extremas más que de precipitaciones. Esto cambió cuando comenzamos a subir hacia los bosques de pinos altos, que se enrollan hasta una planície alpina, porque ahí las nubes empezaron a oscurecer el monte Hood. Sacamos las cámaras para documentar nuestro hallazgo geográfico definitivo, cuando se puso a llover copiosamente.

“Puede ser la mejor manera de añadir montañas a nuestra ruta geográfica.”

La última cena la tuvimos en el pueblo de Hood River, antes de separarnos de Matt. Scott y yo estábamos a solo una hora de casa. Bajo un puente nos pusimos los forros impermeables, porque estaba claro que la lluvia no iba a arreciar.

Llegamos a casa 16 horas después de habernos levantado de la cama para nuestro último día de aventura, y 1.500 millas después (2.400 kilómetros) desde el punto de partida. Habíamos conducido por todos los paisajes que Oregón puede ofrecer y sacado más de 8.000 fotos y horas de vídeo. No fue la aventura que habíamos planeado, pero sí la aventura que queríamos, eso seguro. Lo que, en el fondo y en retrospectiva, nos parece genial.

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