A LA AVENTURA:  <b>EL EQUIPO REV’IT! WOMEN’S ADV SE INTERNA EN LA COLUMBIA BRITÁNICA</b>

A LA AVENTURA: EL EQUIPO REV’IT! WOMEN’S ADV SE INTERNA EN LA COLUMBIA BRITÁNICA

Junto a la empresa MVM Adventures, el equipo femenino de Aventura de REV’IT! formó un grupo para atacar las Montañas Rocosas de Canadá con KTMs 1090, y experimentaron la belleza y bondades de la Columbia británica. ¡Revivimos la experiencia a través de los ojos de las protagonistas!
10-30-2019
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EL EQUIPO FEMENINO DE REV’IT! #REVITWOMENSTEAM

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Desde 2017, REV’IT! Women’s ADV Team ha jugado un papel integral en las pruebas de producto y representación de marca entre la comunidad de pilotos de Aventura, cada una de sus miembros a través de su propia interpretación de lo que debe ser esta actividad del “pilotaje de aventura” –sea visto como algo duro, largas distancias o superar trialeras en lugares remotos–.

En este año 2019, hemos contratado a MVM Adventures para emprender un viaje a través de lo más salvaje de las Rocosas canadienses. ¡Leed la historia tal como ellas mismas la han contado!

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PRIMER DÍA: MOTOS GRANDES Y GRANDES SONRISAS

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– KATELYN: “Eran las 5 de la mañana en Vancouver. A todo el mundo le costó algo levantarse, pero se activaron cuando se tomaron el primer café y recordaron que en pocas horas estaríamos pilotando juntas en moto, explorando la preciosa Columbia Británica durante todo el fin de semana”. 

“Nos encontramos con Matt, nuestro experimentado guía y propietario de MVM Adventures, y nos dirigimos hacia Squamish, siempre dentro de la provincia de la Columbia británica, donde Erika, Amelia y Jenna tuvieron a disposición las motos con las que emprenderían su aventura del fin de semana.

Tanto Kris como yo nos presentamos con nuestras propias motocicletas, pero las otras llevaron las motos de la flota de MVM, en concreto dos KTM 1090 y una 790”. 

“La verdad es que el tamaño de esas motazas puede darte mucho respeto, pero las chicas, lejos de sentirse intimidadas, mostraron una actitud increíble y sonrisas muy generosas. Se montaron en seguida, dieron algunas vueltas a la manzana para familiarizarse con ellas, y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en marcha”.

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“Dejamos atrás Squamish por autovías de curvas en dirección norte. Nos caían las hojas del tiempo de otoño a medida que nos acercábamos a las montañas. Nos abrimos paso entre glaciares de lagos verdes y a través de praderas flanqueadas por picos gigantes”.

“Justo antes de abandonar el asfalto y meternos por pistas de tierra espectaculares, nos detuvimos para empaparnos de aquel ambiente y disfrutar con el primero de los avistamientos de osos. Sabíamos que si pilotar en el asfalto había sido ya algo bárbaro, cuando saltáramos por las pistas zigzagueantes de Pemberton tendríamos aún vistas más épicas”.

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– AMELIA: “Pilotamos por pistas desde Pemberton a Gold Bridge, algunas con motos prestadas de la flota de MVM Adventures, con las que empezábamos a tener cierta confianza. Desde un punto en el que se dominaba con la vista el lago Carpenter, nuestro guía desprovisto de miedo, de nombre Matt, decidió probar esta nueva confianza informándonos que la siguiente sección de nuestra ruta nos conduciría a una montaña por una pista ancha”.

“Considerando que tres de nosotras habíamos escalado por primera vez (literalmente, escalado esas motos de asientos astronómicos, a las que no estábamos para nada acostumbradas) en esas KTM unas horas antes, se trataba de un gran atrevimiento por parte de Matt, que estuvo a punto de lamentar. Nos repitió enérgicamente sus instrucciones de seguridad (mantener el acelerador, no pararse y si la moto quiere irse, dejarla ir) y nos mandó una a una por la pista hacia arriba, situándose él en la cola”.

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“Yo había pilotado siguiendo a Jenna todo el día, y opté por hacer lo mismo en la ascensión. Mi experiencia off-road es amplia, pero no pilotando motos tan pesadas como la 1090 por pistas de tierra, y pensé que podría aprovechar su trazada y nuestros intercomunicadores Sena emparejados para abrirme paso hacia la cima”.

“Teóricamente, era un buen plan. Jenna me iba contando lo que teníamos por delante en el camino, y lo cierto es que nos sorprendió lo fácilmente que esta moto afrontaba las piedras sueltas en subida y lo suavemente que giraba.

Pero justo antes del último empujoncito subiendo, Jenna me alertó de un árbol caído y amputado a un lado del paso. Me lo tomé con mucha cautela; me dije, vamos a ver, y apunté con el neumático delantero para superar unas piedras sueltas. En cuanto el neumático se humedeció, me propuse darle más gas a la moto como habría hecho con una moto de campo, pero no salió bien… y casi tengo que despedirme de la KTM, que no cayó montaña abajo porque la rueda delantera quedó atrapada en otro árbol solitario”.

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“Desgraciadamente para mí, Jenna siguió y en seguida me adelantó Katelyn, que repitiéndose el mantra de Matt de “no pararse”, también siguió hasta la cima en cuanto comprobó que yo estaba bien pues le enseñé mis dos pulgares hacia arriba. Yo estaba ciertamente bien, pero mi moto necesitaba ser rescatada. No parecía que tuviera alguna opción de ayuda cercana, me dediqué a remolcarla centímetro a centímetro hacia la pista; un centímetro la rueda delantera, luego un centímetro la trasera, y así hasta que lo arreglas. Finalmente pude levantar la bestia por mi cuenta, por pura cabezonería”.

“Erika, Kris y Matt aparecieron justo para verme resoplando y cabreada, en el intento de volver a montar en la moto, lejos de las marcas de la caída. Luego cuando Matt vio las fotos se dio cuenta realmente de lo cerca que la moto había estado de caer libremente montaña abajo”.

“Luego de los resoplidos y el cabreo (míos) y cuando sus risas (de todas ellas) cesaron, salimos del ancho camino de grava en dirección a Tyax Lodge, que iba a ser nuestra base durante las dos noches siguientes. El reflejo del sol iluminaba en tonos dorados el pico de la montaña más próxima; nos habíamos ganado la cena y una cerveza helada, y parecía que el joven oso pardo que vimos a 100 metros de nuestro alojamiento había tenido la idea de sumarse a la fiesta”.

“Sin saberlo, habíamos podido reunir la complejidad de la Columbia Británica en su conjunto: bonita, serena y mortal. Pero teníamos muchas ganas de seguir investigando al día siguiente”.


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SEGUNDO DÍA: COSAS BELLAS Y COSAS BESTIAS

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– ERIKA: Saturday morning started with an epic sunrise that was a precursor to an epic day full of riding. After we departed Tyax, we hit a lesser traveled road that ran along a stunning aqua-colored glacial lake. My favorite moment of the trip was coming around a turn and the sun rising through the clouds and rays of light shining on us. We stopped to take a moment to enjoy the beauty of our surroundings. For me, this is what it’s all about, taking the time to stop and enjoy the adventure.

“No siempre se trata del destino, pero sí del viaje propiamente, y me siento muy orgullosa de poderlo compartir con otras 4 pilotos. Cruzamos una zona de muchas curvas y nos detuvimos para desayunar en Lillooet. No fue un simple desayuno, porque estábamos en una pintoresca panadería que servía deliciosas pastas frescas. Café y pastas nos pusieron a tono para nuestra siguiente sección de caminos de montaña. Cruzamos granjas y riachuelos, y vimos de nuevo más osos durante la marcha”.

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– JENNA: “Nos llevamos el almuerzo y nos lo comimos al aire libre, y subimos una a una en el Big Bar Ferry. Matt nos había advertido de que el capitán era un gruñón, que nos hizo reír mucho mientras le gritaba órdenes a Matt sobre cómo subir las motos, y a mí me gritaba cómo debía situarme. Matt tenía razón, aquel tipo no iba a tolerar ningún exceso en su barco. Una vez todo el mundo estuvo en el transbordador -y también Aaron había subido la furgoneta de apoyo en la cubierta de atrás-, empezamos a movernos por el río Fraser. Llegamos a la otra orilla, bajamos del ferri sin problemas y lideré la subida a la montaña.

La vía estaba embarrada, así que me tomé las curvas con calma, hasta que no encontráramos un terreno más sólido”.

“En la cima de la montaña las vistas nos recompensaron el esfuerzo, nos quedamos sin habla. El mirador se encontraba en un punto privilegiado, y pudimos sacar algunas fotos rápidas antes de seguir. ¡Sinceramente, si nos hubiéramos detenido cada vez que teníamos delante algo para fotografiar que valía la pena, aún estaríamos pilotando!”

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“Dejé que Amelia tomara la delantera y fuimos parando cada poco para reagruparnos. En un cierto punto nos encontramos ganado en el camino, que a Amelia le produjo una reacción entre alegría y terror. Le dije por el intercomunicador que tuviera cuidado y pasara lenta pero sin pararse, y así lo hizo, pero asustó a un becerro y acabaron asustados los dos. No pude ayudarle y me salió una risotada cuando vi lo que pasaba. Por suerte, el ternero dio algunos saltitos pero se marchó de la carretera, permitiéndonos seguir sin mayor incidencia”.

“Habíamos dejado que nuestra camioneta de apoyo pasara delante, y en una de las paradas la atrapamos y vimos a Aaron empujando una roca fuera de la vía hacia la ladera de la montaña. Pensamos que era muy simpático por liberarnos la carretera de una roca que podría habernos molestado, pero lo que pasó es que estaba haciendo una chiquillada y lo único que quería era ver cómo la piedra caía montaña abajo, acelerando cada vez más. Cuando todas estuvimos ahí, Matt y Aaron repitieron la acción para que nadie se la perdiera. Fue un momento divertido en la ruta del día. Lo cierto es que nos gustó mirar cómo el pedrusco rodaba montaña abajo, y luego explotaba en dos mitades, primero, y se desintegraba después”.

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“Nos tomamos un pequeño descanso. Empezábamos a sufrir los efectos de un largo y excitante día de pilotaje, pero nos quedaba aún un trecho para retornar a Tyax Lodge, así que acordamos pararnos menos y concentrarnos en alcanzar el destino antes de que se hiciera de noche. En un momento dado la batería de mi intercomunicador se agotó y perdí el contacto con Amelia, y la pillé desprevenida cuando frené de golpe para pararme a un lado del camino. Algo me había golpeado en la parte izquierda del cuello, y de repente empecé a sentir calor y dolor. Amelia vio la avispa muerta, aún pegada a mi collar, y la extrajo. Yo misma le habría dado un manotazo si no me hubiera parado, pero me gustó que el bicho muriera en su intento de atacarme”.

“Al final, volvimos por Lillooet para tomar la carretera Lillooet Pioneer hacia la otra carretera del lago Carpenter, que toma su nombre de la pintoresca acumulación de agua.

No nos paramos más a tomar fotos aunque había curvas y curvas para ello, y de una tirada llegamos a Tyax antes de que fuera completamente de noche. Eso sí, tres o cuatro veces tuvimos que frenar o paranos para dejar pasar a los ciervos que cruzaban la vía”.

“Una vez pusimos los pies en nuestro alojamiento, algunas de las chicas se fueron a sus habitaciones para ducharse, pero el resto, junto con Matt y Aaron, nos fuimos directos al bar para picar algo y bebernos unas cervezas más que merecidas. No era nuestra intención llegar tan tarde, pero puede pasar, y todo el mundo estaba cansado y hambriento. Nos reunimos todos y la fiesta pasó al comedor para la cena, que alargamos con historias hasta que decidimos que había que levantarse, recoger la mesa e irse a dormir”.

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TERCER DÍA:¿SABES QUÉ? ¡MOTOS!

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– KRIS: “El domingo por la mañana, me desperté con mi frase favorita. Amelia susurró en la habitación: ‘Kris, ¿sabes qué? ¡Pues motos!’ Cinco chicas nunca estuvieron listas con tanta rapidez, con la emoción de un día más en la carretera”.

Hubo un cambio de planes de repente cuando Amelia conoció a un piloto de la empresa Blackcomb Helicopters interesado en nuestra aventura.  

Tanto porque él también es piloto de motocicletas de aventura, y nos ofreció a todas dar una vuelta en su aparato. No escondimos nuestra emoción cuando llegamos en moto al helipuerto, nos dio una pequeña explicación previa, nos dio auriculares para protegernos los oídos y subimos a bordo. Cuando el helicóptero se levantó, gritamos tanto por la excitación que tapamos el ruido de los rotores, y recorrimos por el aire las mismas carreteras del día anterior. ¿Hay un viaje mejor?”

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“Volvimos a tierra y Matt se las había ingeniado para que pudiéramos repostar al lado de la cabina de Aaron en vez de ir a la gasolinera. Nos despedimos de Jenna, que ese día tenía otros planes, y nos dirigimos a las carreteras de grava reviradas en las que las hojas caídas desprendían brillantes reflejos en amarillo y naranja, ya con el otoño en plena efervescencia. Tuvimos otra aventurilla, porque mi 690 se quedó sin gasolina y probamos mi cable de remolque. Volar por esas carreteras entre árboles sin motor fue estimulante, y luego la cabina de Aaron resultó ser un refugio celestial: nos hizo té y nos calentamos después de una mañana bastante fresca”.

“Nuestro grupo se dividió. Con Amelia nos moríamos por probar de nuevo aquella pista que ascendía hasta las nubes y bajaba deprisa hasta el lago Carpenter. Nuestras motos nos llevaron casi al cielo, y luego la bajada fue sobre piedras y grava espesa, para alcanzar el brillante azul verdoso del lago. La niebla levantó y se convirtió en tenues nubes, y la belleza que descubrió nos quitó el aliento… otra vez”.

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“Volvimos a recorrer nuestra carretera favorita alrededor del lago Carpenter, que brillaba extraordinariamente cuando nos despedimos de él. Nos reagrupamos en Lillooet y nos dirigimos a llenarnos la barriga con las pastas de la panadería Abundance Artisan Bakery. Pero el negocio estaba cerrado por falta de personal. Tenías que haber visto nuestra decepción con los cascos puestos, aunque luego el dueño nos llevó una bolsa de productos de su panadería, ¡a la casa! Cosa que agradecimos profusamente y seguimos hasta el siguiente punto de parada. Aquellos productos horneados sirvieron de aperitivo para la gran comilona que tuvimos en el restaurante del Lillooet Inn”.

“Aquello fue el principio del fin de nuestro grupo; nos quedaba una bonita autopista, rodeada de belleza natural, para volver a Vancouver, aunque la melancolía fue la tónica de esa última comida compartida. Melancolía que tratamos de quitarnos con chocolate caliente y nata. Nuestro equipo supo disfrutar cada momento al máximo”.

“El tiempo también se puso en modo melancólico al final de este increíble viaje, con una mezcla de niebla y lluvia. En una última foto de belleza, Canadá nos mostró todo su esplendor, haciendo desaparecer las nubes y enviándonos al completo grupo de cansadas aventureras una brisa de despedida junto con un poco de sol. Nos despedimos de nuestros guías, tristes porque aquello se acabó, pero con ganas de contarles a la familia y a los amigos las historias que habíamos vivido”.

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