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Motorcycle Cities, Brooklyn 1ª parte

Motorcycle Cities, Brooklyn Pt. 1

De Hamburgo a Brooklyn

Conoce a Jonathan Wieme, el alma de “Motorcycle Cities”, que ahora ha escogido el barrio neoyorquino de Brooklyn para seguir experimentando la más pura cultura de la motocicleta.
Al principio

Voy a empezar este nuevo reportaje en un café local, Le Phare, en el municipio de Molenbeek (pronunciado ['mo.lən.be:k]), en Bruselas, bebiéndome un Fritz-Pritz. Es una bebida orgánica con burbujas que acabo de descubrir. Leo la etiqueta y me entero de que se fabrica en Hamburgo. Bueno, así está impreso en la botella. Hamburgo. Donde acabé la última vez, con aquel paseo final en moto por la ribera del río Elba. Después de eso me fui al norte, en dirección Copenhague, pensando ya en el siguiente número de “Motorcycle Cities”.

Ahora hay que cambiar, y este nuevo capítulo será sobre Brooklyn. Copenhague, Bruselas, Londres, y otras ciudades más exóticas vendrán más tarde. Parece que no he acabado con esos lugares aún, no basta con compartir mi pasión por ellos y su perfume a revolución industrial, fábricas y aceite quemado (no podrás oler aceite quemado en Brooklyn); seguro que te haces una idea.

Me intrigaban los garajes de personalizaciones y en general la escena de la moto en este gran barrio de Nueva york. Y empecé a investigar. ¡Y, pum! En seguida encontré 1, 2, 3, 10, 20, 30 garajes, direcciones, tiendas y otros lugares de este mundillo, todos en Brooklyn. Esta ciudad, bueno, este distrito, es inmenso. Y las oportunidades también. Lo contrario a las cuatro o cinco direcciones que normalmente consigues en poblaciones mayores u otras ciudades. En Brooklyn, tenía mucho donde escoger.

Dicho esto, aunque me siento como en casa en el ámbito europeo, empecé este viaje sabiendo muy poco de lo que se cuece en los Estados Unidos, en Nueva York, y especialmente en Brooklyn. Las personalizaciones, la cultura, la gente. Mi aventura puede haber sido decepcionante en algún momento, pero en general los descubrimientos que hice fueron espléndidos. Es hora de conocerlos. ¡Disfruta del viaje!

Williamsburg & Greenpoint

Williamsburg y Greenpoint están en el norte de Brooklyn. Históricamente barrios obreros, ahora están repletos de galerías, estudios de artistas y artesanos de todo tipo. La cultura hipster y cualquier movimiento de moda son bienvenidos igual.

Y hay también una importante concentración de garajes y establecimientos relativos a la moto como Jane Motorcycles, Café Moto, Brooklyn Moto y, hacia el norte en Greenpoint, justo cruzar el límite con Williamsburg, los legendarios Indian Larry, Works Engineering, MotorGrrl y Genuine Motorworks’. Vamos a verlos de cerca.

Café MotoCafé Moto es el punto de partida de mi viaje. Está tocando a Hewes Street Station, de la línea J/M. Es donde el metro sale a la superficie, entre edificios. El ruido es insoportable y no apetece salir a dar una vuelta de noche en invierno. Pero es el lugar en el que puedes captar la esencia de la ciudad, la historia del vecindario, y donde te imaginas que el siglo XXI aún no ha llegado.

Café Moto no es un bar de moda con motos colgando de las paredes, o con un rincón para vender la quintaesencia de los productos moteros imprescindibles. Es un pequeño, acogedor y elegante restaurante que de noche se convierte en sala de fiestas, con conciertos muy selectos. Con vibraciones tenues e íntimas que casi amortiguan el ruido de los trenes. Más sorprendente e igualmente intrigante es la historia de Bill Phelps, su fundador. Bill es un fotógrafo profesional.

“He construido y conducido motocicletas durante 33 años, y casi el mismo tiempo que hago fotografías. He viajado por placer y por trabajo, como puedes comprobar.

Viajes, motos, arte, diseño, gastronomía y gente han sido mis objetivos más sensibles en mi vida adulta. Ahora soy padre y tengo un nuevo mundo ante mí, con mi hija Hazel, de cuatro años, el verdadero amor de mi vida. Viví en España al principio de los años 90, al principio de mi carrera; fue un tiempo maravilloso que contribuyó a fortalecer mis gustos por todo lo que signifique experiencia y aspiraciones. Aquello era preinternet, premóbiles, preordenadores... Nos reuníamos en azoteas para comunicarnos, compartir ideas, trabajo, sueños, motos, recetas, ligar...”

“La idea de Moto vino años después. La inspiración tiene décadas y es universalmente atemporal en muchos aspectos. Encontré mucho consuelo, así como motivación en mi ‘vida de café’ y quería que continuara. Moto lleva abierto 13 años ya. Muchos se preguntaban si estaba haciendo un ‘punto motero’, pero si se hubieran parado a pensar un segundo de dónde venía yo, la respuesta habría salido sola. No hay motos, no hay recambios, nada que lleve a la palabra ‘motero’. Sin embargo, está construido con la misma atención a los detalles y a los materiales que pondrías en la fabricación de una motocicleta. Hemos hecho cada centímetro nosotros mismos. Reimaginamos la máquina de café, fabricamos los tiradores de la cerveza de barril nosotros mismos, y cada ventana está hecha a mano. Nunca he pretendido meterme en el negocio de la restauración, pero estoy muy orgulloso de lo hecho. Y ya no tengo nada que hacer aquí, porque viajo y ya no vivo en Nueva York, pero vengo a menudo”.

MotorgrrlMotorGrrl, Works Engineering, Genuine Motorworks y el legendario Indian Larry Motorcycles están todos a un tiro de piedra de la “Automotive High School” y de la famosa fábrica de cerveza Brooklyn Brewery. Las señoras primero, por supuesto.

Mi primera parada es en la nave de Valerie, MotorGrrl. No tenía cita previa, y siendo un completo novato en Brooklyn, tampoco sé qué esperar, ni cómo me van a recibir. Claro que llevo un ejemplar del primer número de “Motorcycle Cities”, y en general esto suele ayudar muchísimo. En Brooklyn o Nueva York abundan los proyectos de motocicletas, los periodistas y los directores de cine.

El concepto de MotorGrrl es simple pero inusual. Aquí puedes alquilar un espacio, con o sin servicio de asistencia mecánica, para que puedas hacer el mantenimiento de tu motocicleta o un proyecto de restauración. Por días, semanas o meses. Todo el mundo es bienvenido. No les importa ni la marca ni el estilo de tu moto, ni tu edad, ni de dónde vienes, ni si sabes llevarla. Lo principal es el trato humano. En Nueva York falta espacio; no suele haber aparcamientos ni trasteros disponibles para coches o motos. Pero aquí puedes dedicar el tiempo que quieras a trabajar en tu moto, o arreglarla.

También puedes tener la oportunidad de aprender algunas cosillas de mecánicos expertos. Allí conocí a Chris, que alquiló un espacio dos meses y se puso un par de horas con la ayuda de un mecánico a arreglar su Ducati Monster.

Él calculó que con eso se ahorró la mitad de lo que le hubiera costado un taller, con el añadido de que aprendes algo. Tal como lo explicaba Chris, MotorGrrl ofrece un punto de partida, un lugar en el que te echan una mano y puedes aprender cosas básicas de la mecánica, pero también socializar. Cada pocos meses se renuevan las caras. Otra particularidad es que hay muchas mujeres, de todas las edades. Una señora de 65 años está terminando su BSA ahí.

Valerie arrancó este proyecto hace 11 años, principalmente por necesidad, porque los costes de mantenimiento estaban subiendo y la calidad del servicio estaba bajando, cuando se trataba de cuidar su Yamaha Virago XV500 de 1983. Ella es quien lleva el negocio, ahora con 60 motos, 10 de las cuales asistidas por mecánicos. El taller de Valerie está a cuatro pasos del legendario Indian Larry, el conocido fabricante de choppers, que murió desgraciadamente en un accidente de carretera en 2004, con 55 años. El alma del maestro sigue viva, a través de su familia y de la comunidad. Tuve la oportunidad de ver su última creación, la ‘Chain of Mystery’, con su particular chasis de cadenas, en la tercera edición de la Bikers Build-Off.

Caminando por el establecimiento y escuchando con qué respeto se habla de él, te das cuenta de lo unida que está esta corporación motorista de Brooklyn. Las conversaciones y las referencias se entrecruzan con cada personaje que conozco, como una web creciendo en mi cabeza, especialmente en esta ciudad, en la que las motos cuentan con una presencia tan especial. Acabamos la conversación, hablando de la artesanía de la piel, mi campo predilecto. Es cuando Valerie habla del trabajo de Paul Cox y su Custom Panhead bautizada como ‘The Berserker’, cubierta totalmente en piel, con diseños de inspiración vikinga.

Works EngineeringDe camino a Works Engineering, me detengo en Genuine Motorworks. Es una pequeña tienda escondida en la esquina de una calle, pero parece que está en el lugar adecuado, abrazada por varios garajes de motos, creando un obvio vínculo con la American Chopper Culture, siguiendo las modas en curso. Aducen que, "No hay estilo de vida como el americano", y es lógico descubrir una cuidadosa selección de ropa y accesorios de moto de marcas locales, aunque todas muy conocidas. Desde chaquetas Schott a productos Indian Larry, o cosas de Biltwell, Pendleton y productos exclusivos de Thorogood, todo fabricado en Estados Unidos, o incluso en el mismo Brooklyn.

Mientras me acerco a Works Engineering, encuentro lo que vine a buscar, lo que esperaba descubrir sí o sí en Brooklyn. Logos vintage pintados a mano en una fachada decrépita, un lugar de mil y un tesoros, motos vintage y sus historias. Conocí al propietario, Rik, originario de Bonn, así como a un joven muy talentoso llamado Oscar, y a Larry de NYC Motorcycles pasando con su Ford Mustang, que decía que estaba a punto de abrir un espacio de Lifestyle en Works Engineering, y cuyas historias podrían llenar lo mismo cinco números de “Motorcycle Cities”.

Aquí huele a metal y aceite, pensé. Del de verdad. Así que entré. Es un área de 10.000 m2, con muchos espacios adyacentes, talleres y trasteros. Entra y sale gente constantemente. Hay incluso una pequeña escuela de circo dentro, un tatuador, unos billares, e incluso un tipo belga, Benoit, entretenido con una Monkey 140cc.

Rik se estableció en Brooklyn en 1999 y abrió Works Engineering con su socio Ray, quien ya murió hace un año. Me dice que su contrato de alquiler está a punto de caducar, y no sabe ni cómo ni si va a seguir con el proyecto. Pero no le quita el sueño, porque tiene más ideas en marcha. Como montar un espacio Lifestyle, dirigido por Larry Morris de New York City Motorcycles, con el apoyo de Deus.

Rik ama las motos, las motos de campo y la competición de clásicas. Suele conducir por todo el país, y está preparando su próxima carrera en Alabama, cuya importancia es comparable a la Spa Classic Bikes belga. Los participantes se pueden inscribir en hasta 40 categorías diferentes, de manera que pueden pilotar varias veces y exhibir su motocicleta en varias competiciones.

Me muevo entre motos, para verlas mejor. Subo las escaleras y doy con una habitación en la que Oscar guarda sus máquinas. Oscar es un joven genio con las manos de mejor material que el oro. Estudia ingeniería aeroespacial, pero pasa la mayor parte del tiempo en las instalaciones soldando, restaurando antiguos tornos de metal y otras herramientas antiguas, o fresando. Ahora trabaja en dos motos diferentes, de las que seguro pronto oiremos hablar.

Después de acabar mi ronda ahí, me voy otra vez con Larry Morris. Es un tipo muy conocido en el mundillo norteamericano de la moto; conoce a todo el mundo y todos le conocen. Pasa el tiempo entre Nueva York y Los Angeles, compitiendo en carreras clásicas, y asistiendo a ferias con toda su colección. Para que te hagas una idea, su colección la forman estas motos: una Laverda 750 SFC de 1972, una Laverda Formula 500, una Benelli 250SS, una Harley XR750 de 1970, una Honda Dream 50, una Kawasaki H1, una Norton Commando, una Matchless G80CS Scrambler, y otras.

Me habla de su proyecto de taller, donde pueda exponer algunas de sus motos, pero también vender ropa y accesorios de moda. Tiene el apoyo de la marca Deus, porque son los únicos capaces de patrocinar lo 'cool'. Cuando volví a casa, unas semanas después, le llamé para saber cómo había ido la inauguración. Un éxito. La actriz Lucy Liu es una clienta habitual y los ejemplares de “Motorcycle Cities” se venden bien. Esto es Nueva York, ya se sabe.

Jane Motorcycles

Pongo los pies en el suelo y voy a Williamsburg con ganas de hacer otra buena excursión. Estoy viviendo una montaña rusa de emociones, todo estética, pasión y motos. Es el Disneyworld de los adultos, como una película. Pero tampoco me malentendáis, no es todo gloria y progreso, está lejos de eso. El espacio es un lujo. Ser capaz de vivir de lo que te apasiona es incluso mayor privilegio. Las puertas se abren, pero con cuidado, porque el tiempo es dinero, y para avanzar hay que sacarle partido a cada minuto de tu tiempo.

Entro en Brooklyn Moto, para conocer a Marc, un especialista en Ducati y Triumph, y luego hago otra corta parada en Venier Customs Garage, donde trabajan sobre todo con Guzzi y Ducati. Marc me dice que a menudo colabora con Jane Motorcycles preparando o restaurando Ducatis para sus clientes. La conexión está hecha, porque es mi próximo destino. Jane Motorcycles es como un espacio de moda; para unos tópico, para otros fresco. Sobre todo para los “nuevos ricos” que vienen del distrito financiero.

El taller funciona y atrae esta clientela de pasta, y tiene todas las marcas y gamas que interesan a la venta. Es una combinación única de ropa especializada, motos custom, cafetería y librería. También tiene marcas que no tienen que ver con el mundo de la moto, porque este negocio crea un vínculo muy claro entre estilo de vida, moda, cultura de la moto, tendencias, y todo ello presentado de forma muy auténtica. A las empresas les interesan sitios así. Hasta hay personalidades relevantes que alquilan el espacio para cenas o fiestas privadas. Incluso celebridades y estrellas de cine se dejan caer a tomar un café.

Por encima de todo, Jane Motorcycles es el proyecto de Adam y Alex. Ellos crearon eso hace 3 años, cuando ambos se encontraban ante una encrucijada en sus vidas y buscaban nuevos retos profesionales, algo que pudieran tocar y sentir, y también para poder entrar en contacto con sus clientes.

Mis amigos saben cuánto de eso hay en mí. Uno de ellos trabajaba en la industria del comercio por internet en Los Angeles; el otro ya estaba metido en el negocio de la moto en Nueva York. Ambos eran entusiastas de las motos y del café, de ahí la idea de una cafetería, una elección lógica para compartir pasión y crear comunidad. Una comunidad que ahora llega hasta sus proveedores y todos los que trabajan alrededor, así como su proveedor de café, Parlor Coffee, que también es de Brooklyn, o los fabricantes que exponen sus creaciones en la tienda.

¡Una localización espaciosa, impresionante y decorada con gusto! Aquí, a los pies del puente de Williamsburg, este puente en suspensión de un siglo y dos kilómetros de largo, que conecta el Lower East Side con Williamsburg. Para sus propietarios, la elección de este lugar tiene todo el sentido. Porque es un barrio más modernete que Manhattan, que recibiría mejor su propuesta, y no tan abarrotado. Aquí, Adam y Alex ponen cafés con una sonrisa a partir de las 7 de la mañana, 7 días a la semana.

Second Stroke MopedsDejo Jane, y vuelvo a Café Moto para completar la excursión por Williamsburg/Greenpoint. Me subo al metro de la línea J/M hasta Myrtle Ave. Me recuerda a Works Engineering y a su auténtica atmósfera mecánica, que me encanta, pero aquí damos un paso más, y es menos convencional...

Bienvenidos a Second Stroke Mopeds. El ruido de los metros sigue siendo ensordecedor, y hay algunos tipos sospechosos deambulando por la calle, pero creo que me estoy acostumbrando y me siento parte de aquello. Supongo que ayuda que llevo una gorra no original de los Yankees. No encuentro mi destino de entrada, porque no hay indicaciones prácticas por la calle. De lejos veo a un grupo de personas filmando a un tipo que intenta caballitos con un escúter. Lo tengo. Ahí voy.

Como su nombre indica, tienen motos de dos tiempos y todo tipo de ciclomotores. Es un lugar tan loco como la gente que lo visita. Tan pronto como entro, un cliente habitual le pregunta a Peter por especificaciones y viscosidades del aceite, y se ponen a hablar durante media hora, porque hay que escoger bien el producto que le pondrá a su Kawa.

Second Stroke Mopeds sucedió de forma natural. Primero con Peter, que se mudó a la ciudad con 22/23 años, loco por los ciclomotores y escúteres y en busca de ambientes en los que integrarse. De ahí nació Mission23, un grupo de amigos y entusiastas de los dos tiempos.

Hoy podemos decir que Second Stroke es el templo de los escúteres en Nueva York, especialmente todo aquello que tiene que ver con los dos tiempos y con los años 70 del siglo pasado. Desde 2011, la gente los visita para recibir consejos, para reparaciones, en un ambiente de comunidad que permite hacer nuevas amistades. Peter no se queda lo que sabe para sí, le encanta compartirlo. Le encantaría que todo el mundo fuera capaz de mantener sus motos, para que esa pasión y esa experiencia se extendiera por toda la comunidad de los dos tiempos.

Ahora hay mucha demanda de este tipo de ciclomotores, porque seguramente son una de las mejores alternativas al transporte público en la ciudad. 

Son accesibles, puesto que no necesitas ni carnet ni seguro. Lo que sí debes hacer es registrar la moto. Por marcas, la oferta es buena. Tienes los clásicos europeos como Peugeot y Motobecane.

Peugeot es de fácil mantenimiento y más fiable. Las Motobecane, o Mobis, como las llaman aquí, son más frágiles y no tan populares. De un diseño similar, tienes las Tomos. No había oído hablar de esta marca eslovena, aún viva, pero sin importador en América.

Y luego está la elección más a la moda, las Puch. Con el depósito encima y el motor bajo el chasis, tienen un diseño bonito y han subido de precio, porque hay jóvenes que quieren la máquina perfecta de dos tiempos que se ajuste a su estilo. Ahora mismo se han disparado, porque te pueden pedir entre 2.000 y 3.000$, cuando la Motobecane te sale por 1.200$ con dos meses de garantía. Estuvimos hablando, claro, de las 50cc; hay un montón de kits de motor para aumentar la cilindrada y que corran más. Aunque aquí pones en juego la fiabilidad, pero puedes conseguir un buen equilibrio.

Continuará.
Café Moto

Café Moto is where my tour of Brooklyn starts, right next to Hewes Street Station, on the J/M lines. That’s where the subway lines are running outside, in between buildings. Where the noise is unbearable and it's not so pleasant to go for a stroll on a winter’s night. But, that’s really where one can get a sense of the city, of the neighborhood's history, and where one might believe it’s still the turn of the XXth century.

Café Moto is not a trendy bar with bikes hanging on the walls, or a shopping space selling the quintessential biker’s lifestyle products and clothing. It is a small, tasteful, and charming restaurant that sometimes becomes a club at night, with a nice selection of gigs and musical events. With dimmed and intimate vibes which almost muffle the racket of the nearby subway trains. More surprising and equally intriguing is the story of Bill Phelps, its founder. Bill is a professional photographer.

Motorgrrl

MotorGrrl, Works Engineering, Genuine Motorworks and the legendary Indian Larry Motorcycles are all a stone’s throw away from the Automotive High School and the famous Brooklyn Brewery. Ladies first, of course.

My first halt is at Valerie’s MotorGrrl. Having made no appointment and being a complete stranger in Brooklyn, I have no idea what to expect, or how I will be welcomed. Fortunately, I am carrying a copy of the first issue of “Motorcycle Cities,” and like many times before, it has proven to be quite helpful. For in NY or in Brooklyn, motorcycle projects, journalists, and filmmakers abound.

MotorGrrl’s concept is simple and yet unusual. Here you can rent a storage space, with or without service and mechanical assistance, for the maintenance of your motorcycle or a restoration project. On a daily, weekly, or monthly basis. What’s truly special is that everyone is welcome. No matter the brand or the style of your ride, your age, your skills or your origins. Human contact and relationships come first. There’s a lack of space in New York; parking and storage spaces for cars and motorcycles are fairly common. But, here, you can really take your time to work on your bike, or to service it.

You can even learn a few things from more experienced mechanics. There, I met Chris who rented a space for two months and got himself a couple of hours with a mechanic to restart his Ducati Monster. He estimated this cost him half of what a regular garage would have charged, with the bonus of having received training. As described by Chris, MotorGrrl offers a starting point, a place to find support to learn the basics of mechanics, but also to socialize. Every few months, new faces come in, while other customers go someplace else. Another particularity is seeing a lot of women here, of all ages. A 65-year-old lady is about to finish her BSA there.

Valerie started this project 11 years ago, mostly out of necessity, because of the maintenance costs being too high, and the quality of service being too low for her 1983 Yamaha Virago XV500. She runs and manages the garage, with currently 60 stored bikes, 10 of them requiring the services of a mechanics. Valerie‘s garage is located a few steps away from the shop of the legendary Indian Larry, the renowned chopper builder, who sadly died in a road accident in 2004 at the age of 55. Still, the soul of the master remains alive, through his family and his community. I also had the chance to see his last build, the ‘Chain of Mystery,’ with its particular chains frame designed for the third season of Bikers Build-Off.

Walking around the shop, talking respectfully about him, you realize how much the Brooklyn motorcycle scene is a tight-knit community. Conversations and references have been interweaving through all the people I met, like a web growing in my mind, especially in this city, where motorcycles have such a special place. We end our chat, talking about leatherwork and craftsmanship, my field of preference. There, Valerie talks about the work of Paul Cox and his Custom Panhead called ‘The Berserker,’ completely covered in leather with Vikings-inspired designs.

Works Engineering

On my way to Works Engineering, I stop by Genuine Motorworks. It’s a small shop on a pretty secluded street corner, but it’s standing in the right spot, sandwiched between a few motorcycle garages, creating an obvious link with the American Chopper Culture, while following the current trends. They say, "There's no way like the American way," and it’s quite logical to discover a fine selection of motorcycle apparel and accessories from local brands, although all world-renowned. From Schott jackets to Indian Larry products, from Biltwell, Pendleton, and Thorogood exclusive ranges, everything is made in the USA, or even in Brooklyn.

As I get closer to Works Engineering, I finally find what I came looking for; what I hoped to discover in Brooklyn anyway. Vintage hand-painted logos on a crumbling facade, a place filled with a thousand and one treasures, vintage bikes, and their true stories. I meet the owner Rik, originally from Bonn, as well as a gifted young guy named Oscar, and Larry from NYC Motorcycles passing by in his Ford Mustang, about to open a Lifestyle corner at Works Engineering, and whose stories alone could fill at least five issues of “Motorcycle Cities.”

Here it smells like metal and oil. Real oil! So, I step inside. It’s a 10,000 square-foot area, with many different spaces side by side, workplaces, and storage rooms. People are coming and going constantly. There is even a small circus school inside, a tattoo artist, a pool parlor, and even a Belgian guy, Benoit, tinkering on a 140cc Monkey, so all is well.

Rik settled in Brooklyn around 1999 to open the Works Engineering garage with his partner Ray, who unfortunately passed away a year ago. He also tells me his lease is about to end, and that he doesn’t know yet where and how he will continue the project. This does not keep him up at night though, and new projects are already on their way. Such as the installation of a Lifestyle corner, led by Larry Morris of New York City Motorcycles, with the support of Deus.

Rik is a lover of motorcycles, dirt bikes and vintage racing. He rides extensively throughout the US, and he is currently preparing his next race in Alabama, which popularity is comparable to the Spa Classic Bikes in Belgium. Participants can register in almost 40 different categories, so they can ride more than once and get their bike displayed in several competitions.

I slip away and sneak between the bikes, to get a closer look. Going up the stairs, I find myself in a room where Oscar hides with his machines. Oscar is a young genius that must have hands made of something better than gold. He is studying aerospace engineering but spends most of his time in the shop, welding, restoring old metal lathes, milling machines, and other old tools. Right now, he is working on two different bikes that will surely get noticed soon.

As I finish my round, I bump into Larry Morris again. A key character in the US motorcycle world, he knows everyone in the motorcycle scene and vice versa. He shares his time between New York and L.A, moving between the two cities to take part in races and vintage shows with his motorcycle collection. To get a better idea, his collection includes the following bikes: a 1972 Laverda 750 SFC, a Laverda Formula 500, a Benelli 250SS, a 1970 Harley XR750, a Honda Dream 50, a Kawasaki H1, a Norton Commando, a Matchless G80CS Scrambler, and many others.

He also tells me about his shop project, a place to exhibit some of his motorcycles, but also a range of clothes and fashionable accessories. The project is supported by Deus, because they’re the only ones able to sponsor and support the 'cool.' On my way home, a few weeks later, I call him to know how the opening went. A success, I guess. Lucy Liu is already a good customer and “Motorcycle Cities” magazines are selling well. This is New York, you see.

Jane Motorcycles

I return to reality and head toward Williamsburg for another exciting ride. Yes, it’s an emotional rollercoaster here, full of aesthetics, passion, and motorcycles. It’s Disney World for grownups, just like in a movie. But don’t get me wrong, it’s not all glory and prosperity, far from it. Space is definitely a luxury. Being able to make a living out of one’s passion is even more of a luxury. Doors are opening, but warily, because time is money, and every minute must be profitable in order to go forward.

I quickly drop by Brooklyn Moto, to meet Marc, a Ducati and Triumph specialist, and then another short stop by the Venier Customs Garage, dealing mainly with Guzzi and Ducati. Marc tells me he often works with Jane Motorcycles to prepare or restore Ducati bikes for his clients. The connection is made then; that’s a good thing because that’s where I want to go next. You see, Jane Motorcycles is kind of the trendy place; it’s a bit cliché for some, a breath of fresh air for others. Especially for the ‘nouveaux riches’ coming from the financial district.

The shop is doing well and it attracts this upmarket clientele, with all the right brands and ranges on display. It’s a unique combination of specialized clothing, custom bikes, coffee, books and magazines, all in one place. Many brands and companies outside of the motorcycle scene work with Jane, because the shop creates an obvious link between lifestyle, fashion, motorcycle culture, trends, with an authentic side to it. And companies are definitely interested in such places. High-profile personalities are booking the place for dinners or private parties. Even celebs and movie stars are popping in for a coffee.

But, there’s more. Above all, Jane Motorcycles is Adam’s & Alex’s project. They created this place three years ago, being both at crossroads in their lives and looking for a new professional challenge, longing for something more concrete, that they could touch and feel, and also a chance to be closer to their customers.

My friends know how strongly I can relate to that. One was working in the tech and e-commerce industry in L.A., the other one was already in the motorcycle business in NYC. Both were motorcycle and coffee enthusiasts, hence the idea of a coffee shop, an obvious choice to share their passion and create a community. A community now extending to their supplier and all the people they work with, such as their roaster, Parlor Coffee, also located in Brooklyn, or the builders who display their motorcycles in the shop.

A gorgeous, spacious and freshly decorated, spot-on location! Here, at the foot of the Williamsburg Bridge, the 7,308 ft-long, 100-year-old suspension bridge, that connects the Lower East Side to Williamsburg. An obvious location for the owners, a meaningful choice for the shop. A trendier neighborhood than Manhattan, perhaps more receptive to their concept, and also less jam-packed. Here, Adam and Alex welcome everyone for their first morning coffee, 7 days a week, from 7 am.

Second Stroke Mopeds

After Jane, I head back to Café Moto to complete my Williamsburg/Greenpoint tour. Then, I hop on the J/M subway line to Myrtle Ave. Reminiscent of Works Engineering and this true mechanical atmosphere I love so much, we go one step further here, even more offbeat ...

Welcome to Second Stroke Mopeds. The noise of the subway trains is still deafening, there are still some bad boys roaming the streets, but I’m getting used to it, and I feel I’m starting to fit in the crowd. The fact I’m wearing a counterfeit $ Yankees beanie may help. I don’t find the place right away; there are no easy-to-spot signs anywhere. In the distance, I see a group of people filming a guy trying to pull wheelies on a moped. Great. That must be the place.

As the name suggests, it’s all about two-strokes and all kinds of mopeds. A place just as crazy as the people who haunt it. As soon as I get in, a regular customer asks Peter about oil specificity and viscosity, and it goes on for half an hour, just to be sure he’s making the right choice for his Kawa.

Second stroke Mopeds happened organically. First with Peter, who moved to the city when he was 22 or 23 years old, crazy about his moped and looking for fellow riders and places to share this interest. From this came Mission23, a group of friends, enthusiasts, united by the two-stroke passion.

Today, Second Stroke is kind of a moped temple in New York, especially for everything related to the 70s two-stroke bikes. Since 2011, people have been coming here for advice, repairs, in an atmosphere of community and to meet new friends. Peter is not keeping his expertise and knowledge to himself, he’s willingly sharing it. He would like to see each owner being able to take care of his moped’s maintenance, in order to extend the love and the knowledge within the two-stroke community.

There is a strong demand for these machines, probably one of the best alternatives to public transport for traveling around the city. Accessibility is also very easy, no need for a driving license or insurance. All you need is to register the moped. In terms of brands, the offer is quite extensive. There are classics, those we all know in Europe, Peugeot and Motobecane. With a preference for Peugeot, easier to maintain and also more reliable. The Motobecane or Mobis as they’re called here, are too fragile and not so popular. With a similar design, there are Tomos. I had never heard about this Slovenian brand before, it is still in activity, but no longer imported in America.

Then, there’s the current fashionable choice: the Puch. With the tank over and the engine down the frame, it is beautifully designed and highly prized by all the builders and the young guys, looking for the perfect two-strokes machine to match their style. So prices for these are going through the roof, often between $2,000 and $3,000, when you can find a Motobecane for $1,200, including a two-month warranty. Of course, we are talking about 50ccs, but lots of engine kits are available to increase the displacement and boost the power. Unfortunately, at the expense of reliability, even if a good balance can be achieved… To be continued in Part 2.

Texto y Fotos de

Jonathan Wieme

Te presentamos a Jonathan Wieme, el creador de “Motorcycle Cities”. Es una revista en papel, independiente, que conocimos por casualidad un sábado por la tarde de asueto por las calles de Amberes.

Inspírate. Lee.

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