<b>Oil in the Blood</b> – LA CARA B

Oil in the Blood – LA CARA B

Nos impulsa la creatividad y la curiosidad, y por eso nos encanta explorar la evolución de las distintas culturas de la moto. La actual escena de la moto custom nos sirve de ejemplo paradigmático. Nos enorgullece anunciar nuestra alianza con el documental Oil In The Blood (“Gasolina en las venas”). Capturando el verdadero espíritu de este escenario.
02-21-2019
Urban

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Gareth Maxwell Roberts

Diseñador profesional de medios de transporte y muy familiarizado con la creación de vehículos para un fin específico.

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Gareth Maxwell Roberts
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CONOCE AL AUTOR

Te invitamos encarecidamente a que veas la película. Pero para que tengas información previa de cómo nació la idea de este documental, justo después del estreno en el centro de Londres, nos hemos sentado con Gareth Maxwell Roberts, uno de los fundadores de “The Bike Shed Motorcycle Club” y la persona que hay detrás de “Oil In The Blood” (“Gasolina en las venas”). Lo que empezó como una entrevista tradicional acabó siendo una conversación sobre la pasión compartida por las motocicletas.

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Gareth, en los últimos tres años has pasado la mayor parte del tiempo documentando la escena de la moto personalizada. ¿Por qué un director de cine tan ocupado como tú se mete en un lío así?

Llevo muchos años fascinado por las motos, por lo menos desde los 6 ó 7 años cuando me di de bruces con una Norton Commando. A los 14 empecé a pilotar, tomando prestadas las motos de mis hermanos mayores. Soy director de cine de profesión, y teniendo en cuenta que formo parte de este mundo de la moto custom desde su revitalización, vi cómo ambos mundos se encontraban.

¿Cuándo decidiste que era el momento de encender las cámaras?

Empecé a plantear el documental a finales de 2014. Entonces sentí que me había perdido los primeros años, cuando esta nueva corriente era aún minoritaria, muy exclusiva, cuando de hecho era una subcultura. Lo que es un hecho es que las personas han personalizado motos desde el primer momento en el que empezaron a fabricarlas a escala industrial; así que tal vez haya llegado un siglo tarde (risas). Al principio me propuse separar el placer del deber, pero como el fenómeno crecía más y más no tuve más remedio que documentarlo.

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Con el tiempo que has empleado viviendo tan de cerca esta ola de personalización, ¿cómo describirías el sector?

La escena de la moto custom es como ese círculo en el centro que se interseca con otros círculos diferentes. Aunque desde fuera no lo parezca, actualmente es un campo en el que confluyen diversos géneros del motociclismo. Es diverso, anárquico y por encima de todo inclusivo. Como se puede ver en el documental, se ha esparcido por el mundo y los valores de todos los interesados son prácticamente los mismos. Creo que eso es algo que no encontrarás en otra subcultura del mundo de la moto.

Han pasado ya unos años desde su irrupción, y algunos pronosticaron que el fenómeno pasaría. ¿Cómo lo ves?

Siempre estuve en desacuerdo con ese punto de vista. Creo que el sector de la moto personalizada –tal como lo conocemos hoy– es muy sostenible, principalmente porque cuenta con un interior de principios y valores duraderos. Está claro que las tendencias y los estilos cambian, pero su alma permanece. Y se demuestra en los eventos que se celebran alrededor del mundo. La línea de esos eventos la marcan nuevas influencias de estilo, pero el ambiente y el carácter inclusivo de esos encuentros permanece.

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Hablando de evolución, ¿qué cambios mayores has notado en estos años de rodajes en ambientes de todo el planeta?

En el tiempo que nos hemos centrado en intentar capturar el espíritu de este sector, lo que he notado es que la cultura ha madurado. Cuando ya acabábamos todos nuestros rodajes, ya no podíamos hablar de aquel “nuevo género”, como fue calificado en sus inicios. La industria de la moto tradicional presentó una reclamación, y a partir de ahí se produjo una división entre los que siguen los cánones del sector custom y los que lo aborrecen. Todo esto se ha asentado; la mayoría de los que lo impulsaron se han centrado en su propio trabajo, tanto en forma de hacer las cosas como en el estilo.

¿Qué te parece que las marcas se interesen por el sector?

No es fácil responder a esto en general, pero poneos vosotros como ejemplo. Vosotros habéis entrado con pasión en la ola custom, con un nivel de sensibilidad y entendimiento que no tenía precedentes, pero manteniéndoos fieles a lo que vosotros creéis que debe ser una marca. Esto es crucial para que todo el sector te acepte, sin introducir vuestros productos sin ton ni son o predicar la seguridad porque sí, y en cambio proponéis soluciones apropiadas y que llaman la atención. Veo otros fabricantes del mundo de la moto haciendo lo mismo, pero también veo otras marcas con un posicionamiento más agresivo.

Al final, en una subcultura como es la de la personalización de motos, tratas con individuos apasionados, y si tú no compartes esa pasión no tienes credibilidad. No importa si eres un individuo o una marca.

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¿Cómo te metiste en esto?

Como he dicho, las motos me fascinan desde que tengo memoria. Cuando tenía 16 años había ahorrado algo haciendo trabajillos, y en 1972 me compré una Vespa 50 Special. Entonces ya me atraían los movimientos alternativos, de hecho iba de “Mod”, gracias a mi pasión por los viejos escúteres. Tuve algunos pocos escúteres clásicos aunque no muy fiables, como una Lambretta LD150 de 1957, pero luego me pasé a las agresivas bestias de dos tiempos. Tuve una Yamaha RD250LC y una Suzuki PE250, y más tarde en los años 90 cambié a las superbikes: el súmmum fue una Ducati 916SP.

Y entonces me convertí en un enfermo de los circuitos. En 1999 incluso competí a nivel nacional con una Honda RS125, algo súper divertido. Unas pocas temporadas más tarde me pasé a una RS250 –la moto más aterradora que he pilotado hasta la fecha–, y después de otras tres temporadas yendo a toda velocidad, pero no suficientemente rápido, y de tener más accidentes de los que me permitía mi cuenta corriente, colgué el mono. Volví a pilotar por la ciudad, y la escena de las personalizaciones fue para mí inmediatamente el entorno ideal para encontrar gente apasionada, de los que pasan olímpicamente de la máxima velocidad a la que hayas ido nunca o de cuántos caballos tenga tu motocicleta.

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¿Qué sería de tu vida sin las motos?

Para empezar, los últimos tres años habrían sido menos estresantes (se ríe); pero bromas aparte, no puedo imaginarme mi vida sin ellas. Piloto motocicletas porque no tengo verdaderamente elección. Podría decir que es una obsesión y una adicción. Cuando estudiaba arte y no tenía moto, igual lo hacía tomando prestadas las de mis colegas cuando me las dejaban. En las motos encontré a mi pareja, Megane, y ahora tenemos un pequeñín que podrá heredar esa obsesión mía.

El documental muestra la continua evolución del mundo de la moto. ¿Qué ves en el futuro?

A pesar de tener gasolina en las venas, creo que el futuro de las motos reside en energías alternativas –eléctrica, pila de hidrógeno, etc–. El motor de combustión interna debe ser preservado y protegido, eso seguro, pero dejará de ser la primera vía de producción masiva. Eso no significa que el motociclismo como tal esté condenado, pero creo que los gobiernos deben animar a los motociclistas a acercarse y adoptar nuevas tecnologías, más que dedicarse a castigar a los moteros con tal o cual legislación cada vez más restrictiva. Las motos pueden perfectamente ser la respuesta a un mundo cada vez más poblado, y para eso los gobiernos deben incentivar el cambio, no forzar a las personas a base de multas.

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Hablando del futuro, Oil In The Blood ya se ha estrenado. ¿Qué ocurre ahora?

G: Los tres años de grabaciones se han plasmado en algo menos de dos horas, así que tenemos un montón de material que no hemos usado. Estamos intentando ver cómo aprovechamos ese material sobrante en una serie de pequeños cortometrajes que lanzaremos en una plataforma dedicada a las motos custom.

También preparamos el lanzamiento de una serie documental en televisión. En ella intentamos mostrar los aspectos más raros y eclécticos de las motos; vaya, lo menos conocido por la mayoría, como el flat track profesional, los clubes de moteras, coleccionismo, espectáculos tipo “wall of death” y cosas así. Igualmente preparamos un proyecto sobre motos en proceso de producción, pero para eso necesitamos permisos y fondos.

Si este documental diera para una segunda parte, estaría bien seguir buceando en la cultura custom en localizaciones más remotas, las que están más alejadas de los centros de la cultura custom: Vietnam, Tasmania, Finlandia, Alaska, Argentina, Chile, cualquiera.

Antes de dejarte que vayas a celebrar este fenomenal estreno, hay una pregunta final que debemos hacerte: ¿Qué influencia querrías que tuviera este documental?

Espero que con ello se defienda el individualismo y la excentricidad del motociclismo. Que se defienda la anarquía, la contracultura del rechazo a poner el foco en la producción en masa y que ese foco se ponga en expresiones individuales. Que se dé a conocer que entre esa masa de consumismo de lo desechable hay un movimiento que une los valores analógicos con el mundo digital. Y que se entienda la nostalgia y el hambre de futuro.


Gracias, Gareth.

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