<b>We Want Adventure:</b> Explorando el este de África – Primera parte

We Want Adventure: Explorando el este de África – Primera parte

Una de las mayores atracciones de Uganda son sus parques nacionales. Pilotar una moto en este país es tan surrealista como impresionante.
11-01-2019
Adventure

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Mandy y Pieter, alias
We Want Adventure
#REVITRIDERS

We Want Adventure es un proyecto iniciado por Mandy y Pieter sobre la base de las tres cosas que más aman: viajar, la fotografía y las motocicletas. Preferiblemente, todas a la vez. Mandy es una fotógrafo internacional freelance especializada en bodas y publicidad. Pieter trabaja como gerente en el distribuidor REV’IT! “Motozoom”.”

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Mandy & Pieter

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¿QUÉ TE PARECE QUE HAGAMOS?

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Teníamos dos meses para preparar el viaje, pero no sabíamos aún adónde ir. Muchos países y lugares se nos pasaron por la cabeza, pero a tres semanas de partir, estábamos aún sin billete de ida. Y entonces Mandy apareció con una fotografía espectacular de un colega. La foto se había tomado en Uganda. “¿Por qué no ir allí?”, preguntó Mandy.

Coincidió que teníamos un amigo en Kigali (Ruanda) en esas fechas, al que llamamos inmediatamente y le contamos que estábamos planeando viajar a esa parte del planeta. Y nos invitó a hacerlo y pasar a saludarle. A tres semanas de la partida compramos dos billetes de avión para Uganda.

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BUSCANDO MOTOS

Llegamos a África, pero no teníamos motos con las que hacer la ruta. Nosotros no solemos alquilar nada por adelantado, es nuestra manera de hacer las cosas. Llegamos a un lugar y empezamos a husmear qué motos podríamos alquilar. Durante 10 días recorrimos las calles de Kampala en la parte de atrás de los “bodas” (motos taxi) y en Uber.

Zigzagueando por el caótico Kampala conocimos a todo tipo de personas, y nos tropezamos con una moto a buen precio que estaba en un estado precario; “precario” según nuestro baremo por aquel entonces. Pero nuestra nueva Honda XR250 no estaba tan mal. Nuestra segunda moto fue una Yamaha XT220, que encontramos después gracias al mismo intermediario. Maquillamos las motos como pudimos y empezamos nuestra aventura.

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Decidimos viajar a Uganda y pronto veríamos lo que "La Tierra de la Libertad" tenía para ofrecernos.

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DIRECTOS A LOS PARQUES NACIONALES

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En la sudorosa Kampala conocimos a muchas personas el tiempo que nos llevó encontrar motos decentes. Y después de unas cuantas cervezas Nile, a nuestros nuevos conocidos se les ocurrieron algunas ideas y consejos. Decidimos en primer lugar ir a visitar a nuestro amigo a Ruanda y desde allí seguir adelante. Posiblemente podríamos primero pilotar por Ruanda y luego dirigirnos a los parques nacionales en el este de Uganda. Dicho y hecho. Nuestro primer destino fue ir a ver a nuestro colega en Kigali.

Pasamos unos cuantos días con él en Ruanda, y antes de dejarlo para seguir con el viaje, nos pareció buena idea darnos un festín a base de mandioca, plátanos, arroz, ternera, hígado, verdura y bebida de cola en Chez Mama Joyce. La típica cocina ruandesa. Comíamos y conversábamos con la jefa, Mama Joyce, sobre nuestra experiencia en Ruanda. Según ella, Ruanda es un país aburrido por tantas normas y leyes: “¡Uganda es el país de la libertad!”. Según ella, ahí es donde deberíamos ir.

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EL PAÍS DE LOS LIBRES: ¡¿UGANDA?!

Decirle a una persona holandesa que Ruanda tiene demasiadas leyes y normas es, por supuesto, algo irónico. Si podemos presumir de algo los holandeses es de tener una norma para cada cosa. Y esto es precisamente la razón por la cual intentamos huir de nuestro país varios meses al año. En cualquier caso, con la barriga a rebosar por la abundancia de comida, y solo en el primer plato, reflexioné sobre las palabras de Mama Joyce. En Uganda y Ruanda, por ejemplo, tienen la misma norma: no pueden ir más de dos personas en una moto. En Ruanda se cumple; en Uganda parece que no hay motos que no vayan cargadas con al menos tres personas. Se podían ver motos con 4 ó 5 personas con asiduidad.

Nos fuimos a Uganda, y pronto veríamos lo que “el país de los libres” tenía que ofrecernos. El sureste de Uganda, que es por donde cruzamos la frontera, cuenta con algunos de sus más famosos parques nacionales. Este área de la frontera es, por ejemplo, el único sitio en el mundo en el que sobrevive el característico gorila de montaña. Hay una industria del turismo alrededor de los gorilas y verlos es carísimo. Hacia el norte, alejándonos de Ruanda, siguiendo la frontera entre Uganda y la República Democrática del Congo, hay otros muchos parques con fauna salvaje. Las planicies secas de la sabana incluyen los cinco mayores. Pasamos de largo de los gorilas de montaña y nos dirigimos a la sabana más al norte.

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PARQUE NACIONAL REINA ISABEL (QENP)

No sabíamos qué esperar de estos parques de vida salvaje africanos. Perdidos después de un día de rodaje en mitad de la nada, acabamos en Kihihi, un pueblo en la frontera con el Congo, adyacente al área sur del inmenso parque nacional. En el único, y muy barato, hotel del pueblo, el gerente nos vendió un divertido paseo en un viejo Toyota Land Cruiser. Fue nuestra primera experiencia en los valles de la sabana, ríos serpenteantes e interminables planicies de verde con su ocasional acacia o higuera. Esta última es la que usan los leones como colchón con sus ramas durante las tardes calurosas de las zonas tropicales. No vimos a ningún Rey de la Sabana, pero sí elefantes, antílopes, hipopótamos, búfalos y demás animales de cuatro patas y aves diversas. Fue una primera experiencia destacable, ¿pero cómo continuar por ahí con nuestras motos?

Porque la carretera hacia el norte se mete en el corazón del parque. La amistosa gente del hotel nos aseguró que la carretera estaba bien y que nos llevaría a la zona norte del parque Reina Isabel. Pero cuando llevábamos solamente unos pocos minutos por la carretera, nos tuvimos que detener, y no sería la última vez. Había un grupo de monos de vervet que nos cortaba el paso, ocupando carretera y árboles. ¡Vaya! ¡Qué pasada! Los paisajes son preciosos y no se acaban nunca; durante el día nos cruzamos con elefantes, antílopes, babuinos y familias de facóqueros. Visitamos el pueblo de pescadores de Kisenyi en el lago Edward; no confundir con el pueblo de Kasenyi, en el lago George, en el que también estuvimos. En la ruta hacia Kasenyi, hay manadas de búfalos y por la noche te rodean los hipopótamos que pacen cerca del campamento.

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EL PARQUE NACIONAL DE LAS CATARATAS MURCHISON

Mucho más de lo que nunca hubiéramos imaginado, resulta que pudimos pilotar libremente por la bonita sabana del parque nacional Reina Isabel. Lo divertido es que nunca se nos había pasado por la cabeza rodar en el interior de los parques por una cuestión de seguridad. Pero después de acumular experiencia pilotando entre carnívoros en el Reina Isabel, nos metimos en el parque natural de las cataratas Murchison. De un parque al otro se tarda dos días cruzando el este de Uganda. Todo el mundo usa las bien pavimentadas carreteras para desplazarse. Nos han dicho que recientemente se han reasfaltado muchas carreteras gracias a capital chino.

Sin embargo, una vez pasas por Fort Portal, la carretera ya no es de asfalto sino de tierra. Con camiones pasando por ahí te comes mucho polvo. Los SUV nos acabaron sacando de la carretera y tuvimos algún susto que nos hizo gritar mucho, por decirlo de alguna manera. Los motociclistas aquí están muy abajo en la cadena de alimentación y lo experimentamos en persona. Aunque fue una bonita aventura poder conducir por esta parte del este de Uganda. Y cuando llegamos a la entrada de este parque, volvió la paz. Adiós al tráfico caótico; solo naturaleza, paisajes y animales.

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¿PERO SE PUEDE ENTRAR EN MOTO?

Nos picaba la curiosidad saber si podríamos entrar en el parque con nuestros propios medios, sin guía, sin coche, solo con nuestras motos. Los vigilantes de la entrada no hicieron mucho caso de nuestras motos. En cuanto pagamos la entrada, levantaron la barrera de bambú que bloqueaba el paso y pudimos continuar. Ni preguntas ni explicaciones. Si queríamos seguir en moto, aparentemente se podía. Una ventaja adicional fue que nos ahorramos alquilar un vehículo con tracción a las cuatro ruedas con guía. Nos metimos por un bosque verde y denso un rato, luego una carretera revirada nos llevó a un acantilado desde el que divisar la planicie de la sabana del Nilo.

Las llanuras a nuestros pies se veían ligeramente doradas y se extendían hasta donde te llegaba la vista y más allá. Nos abrimos un poco las chaquetas, y como solíamos hacer, aprovechamos para retirar el polvo de nuestras máscaras. Pasamos algunas horas en esta espectacular tierra de nadie y llegamos a un campamento en el río. Hacia la medianoche, cuando caminábamos desde el restaurante a nuestra tienda, nos cruzamos con dos hipopótamos paciendo. Un lugareño nos dijo que se trataba de dos ejemplares jóvenes y por eso eran tan descarados situándose cerca de personas. En el parque Reina Isabel lo que hacían era encender fuegos nocturnos para mantener a distancia a estos animales, pero aquí no parecía necesario. En mitad de la noche me despertó un bufido de uno de esos hipopótamos a pocos metros de donde dormía.

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UN FERRI, EL RUIDO Y CASI SIN ALIENTO

Al día siguiente, al amanecer, un ferri nos llevó por el Nilo a los lugares más llamativos para dar una vuelta. Habíamos salido apenas de la barca cuando se me paró el corazón. ¡Casi tenemos un accidente con un elefante! La bestia retozaba detrás de unos arbustos, pero al lado de la carretera. Aún reponiéndome del susto, nos paramos unos metros más allá para contemplar tan majestuoso animal.

Ese día no vimos ni leones ni leopardos. Tampoco no teníamos la vista entrenada para detectarlos, entiendo que el ruido de nuestras motos los disuade de acercarse. Pero sí vimos jirafas, lagartos, muchos pájaros y por lo menos tres especies de comida para leones.

Se nos acaba el día y nuestra entrada de 24 horas al parque. Por desgracia, era hora de marcharse. Nunca habíamos pensado que África sería tan bonita y la gente tan libre. Sí, la gente aquí es libre, hacen y dejan hacer. Creo que es a lo que se refería Mama Joyce. Era una pena pero había que irse más al este.

En Kampala, conocimos a un compatriota que nos invitó a su casa en Karamoja. Esta zona del este de Uganda se ha visto inmersa durante mucho tiempo en un conflicto entre la población local y el ejército ugandés. Pero ahora parece que es segura y los turistas están volviendo. Como somos gente curiosa, nos lanzamos con nuestras motos a experimentarlo en persona.


Continuará…

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